Me siento en el murito de ladrillo a la sombra del Eucalipto a disfrutar de la tarde cálida con mi mate recién preparado.
Mi hija de once años juega a las escondidas con la barra de amigos que viven en distintos blocks en esta misma manzana, atravesada por una calle peatonal donde abundan Plátanos y Eucaliptos.
Son como quince niños entre doce y seis años y juegan en equipos: varones contra nenas
Gritan, aplauden, silban, corren, inundan todo el espacio con sus gritos y las carreras vertiginosas desde el escondite hasta la pared de ladrillos donde está la pica. Mientras corren los que ya fueron encontrados gritan casi desaforados : dale Nacho, dale Cami.
Están todos traspirados, las mejillas ardientes, todos con los ojos brillantes. Están contentos.
Mientras tomo mate disfruto de escucharlos gritar y alborotar, de verlos pasar corriendo como flechas. Me encanta verlos jugar así.
Ellos discuten gritando, como si en el aire se les fueran a perder las voces, se rien fuerte y se ponen de acuerdo. Siguen jugando, ellos siguen corriendo y seguirán hasta avanzada la noche, sin parar. Son incansables.
Otra vez la quedan los varones. Con la cara contra la pared de ladrillos Manuel cuenta y luego dice en voz fuerte y firme: SALGO
Las carreras han cesado, también los gritos. Manuel mira para un lado y para otro haciendo volar su cerquillo rubio, y sale a buscar. Manuel es el más grande, el más robusto y tiene doce años.
De pronto empieza a encontrarlos de a uno y empiezan los gritos y las carreras. Pero… falta la mas chiquita del grupo. Falta Paulita.
Están todos gritando, que cuidado, que anda para acá, que veni, que esto y el otro, están todos nerviosos.
Pero Paulita no aparece y Manuel recorre primero los lugares mas cercanos, las plantas, los muritos, los parrilleros, los recodos posibles para esconderse. Se agacha, calcula, se aleja y vuelve. Las niñas gritan cosas a Paulita, pero Manuel sabe que es para despistarlo y aunque se pone nervioso no les hace caso. Los varones tratan de ayudar y también le dan indicaciones. No quieren volver a quedarla, porque ya van tres veces que la quedan….
Manuel no tiene más remedio que irse alejando cada vez más de la pica.
Lo hace con cuidado, atento, alerta, pero se aleja y da vuelta en la esquina.
Justo en ese momento Paulita con su pollerita de jean y sus bracitos como las aletas de Nemo sale corriendo como un pollito de atrás de un cactus y al llegar a la pared de ladrillo con voz cristalina y victoriosa dice: PICA POR TODOS LOS COMPA!
Me sonrío feliz. Las nenas saltan, se abrazan, se palmean, están felices: otra vez la quedan los varones.
Mi hija pasa corriendo y le digo aún sorprendida y en voz alta para que me escuche : Que increíble Paulita salió justito!.
Mi hija se vuelve hacia mi y se acerca con rapidez a decirme al oído:
Pauli tiene mi celu.
jueves 6 de noviembre de 2008
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